En el edificio donde vive Lucía, la situación se ha vuelto crítica. La crisis económica ha afectado a todos los vecinos, entre jubilados y parados, lo que genera un ambiente de tensión y desesperación, especialmente cuando deben afrontar una gran derrama económica. En medio de esta situación, Lucía tiene una idea innovadora: organizar un pasaje del terror en los amplios pasillos del edificio, donde los vecinos se disfrazarán de monstruos con el fin de recaudar dinero. Sin embargo, como suele suceder en estas circunstancias, no todo saldrá como se espera; algunos planes resultarán ser un éxito rotundo, mientras que otros fracasarán estrepitosamente.