La novela se ambienta en un periodo oscuro de la historia de Chicago, específicamente en la Exposición Mundial de 1893. El Castillo de Holmes, un hotel de tres plantas, se convierte en el escenario de diversos crímenes atroces, orquestados por su propietario, Henry Howard Holmes. Este personaje, conocido como uno de los primeros asesinos en serie de Estados Unidos, es retratado como un hombre carismático y manipulador, capaz de atraer a sus víctimas a un destino macabro.