El tenis es un deporte caracterizado por su alta variabilidad, tanto en el desarrollo del juego como en los métodos de entrenamiento. A pesar de esta variabilidad, el autor argumenta que el tenis no es un deporte caótico. Cada unidad de juego comienza en circunstancias conocidas y presenta una serie de situaciones que se repiten. A través del conocimiento de estas dinámicas, los jugadores pueden influir en los posibles desenlaces de cada partido.