La novela se sitúa en un periodo crucial de la historia europea, donde los horrores de la guerra y la persecución han dejado profundas huellas en la vida de muchos. Ludka y sus compañeros son víctimas de un proceso de germanización y han sido separados de sus familias. La Cruz Roja Internacional y el Consulado Polaco juegan un papel fundamental al facilitar el acogimiento de estos niños en la ciudad, donde se establece la primera escuela polaca.