El libro plantea una crítica sustancial a las políticas económicas actuales de los Estados, tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo. Según los autores, se requiere una transformación en el enfoque económico y una reestructuración de las instituciones públicas, que deben ser más eficaces y orientadas hacia el bien común. Se propone un cambio en la asignación de políticas públicas, priorizando el capital humano, las infraestructuras y las políticas sociales, en detrimento de proyectos que benefician a las élites.