La obra de Martínez Rubio narra la atroz masacre de Rosaria López y el intento de asesinato de Donatella Colasanti, llevada a cabo por tres jóvenes pertenecientes a la clase alta de Roma. A pesar de la rápida detención de dos de los criminales, el caso se convirtió en un laberinto de investigación que se prolongó durante años, dejando a la opinión pública en un estado de constante angustia.