Incapaz de lidiar con la magnitud de su supuesta divinidad, Peter decide regresar a los Estados Unidos para llevar una vida en el anonimato. No obstante, su fama como «el padre Peter» crece rápidamente, convirtiéndose en un fenómeno mediático gracias a las curaciones transmitidas por televisión. Este nuevo estatus atrae la atención de los evangelistas y despierta intereses ocultos en el Vaticano.