La obra se caracteriza por su tono crítico y reflexivo, explorando el sufrimiento y la vulnerabilidad del ser humano. Riechmann utiliza la metáfora del “lisiado” para referirse a la incapacidad de adaptarse a un entorno que, a menudo, resulta opresivo y desolador. Así, los poemas se convierten en una especie de testimonio sobre la lucha interna del individuo.