En “El Dueño del Secreto”, Muñoz Molina nos transporta a un Madrid que se encuentra en los últimos años de la dictadura franquista. Este periodo, caracterizado por un ambiente gris y cansado, sirve de telón de fondo para una narrativa rica en matices y simbolismos. La atmósfera sórdida de la ciudad, donde los sueños y las esperanzas parecen desvanecerse, se convierte en un personaje más de la historia.