En «Angelito», el arte y la religión se entrelazan en un ritual de despedida que refleja la profunda conexión que los adultos, especialmente los padres, sienten hacia sus hijos fallecidos. La obra se sitúa en el contexto de un Chile rural, donde las costumbres y creencias ancestrales juegan un papel crucial en la forma en que se enfrenta el dolor de la pérdida.