La narrativa se sitúa en una época de profundas transformaciones políticas y sociales. Dickens, aunque crítico con las instituciones victorianas, se distancia de un análisis político directo, centrándose en el impacto humano y social de la revolución. Su indiferencia hacia la política y su desprecio por los políticos le permiten explorar los sentimientos y sufrimientos de las masas, en lugar de enredarse en debates filosóficos.