El libro aborda el abandono de los pueblos españoles, donde la frase que se repite en los carteles de «SE VENDE» se convierte en un símbolo del desarraigo y la pérdida de identidad de estos lugares. La obra confronta al lector con la realidad de que, mientras las ciudades crecen, las áreas rurales se vacían, llevando consigo no solo casas y tierras, sino también el alma de las comunidades que alguna vez habitaron esos espacios.