La obra de Tirso de Molina es un reflejo de las tensiones políticas y sociales de la época. A través de un lenguaje poético y dramático, el autor logra captar la esencia de la lucha por el poder en la Castilla del siglo XV. Antona García, como figura central, simboliza la resistencia y la lucha por los derechos y la justicia, lo que la convierte en un personaje epicónico. Su comparación con Juana de Arco no es gratuita; ambas mujeres son representativas de la lucha por la libertad y la legitimidad en un mundo dominado por los hombres.