En este ensayo, Diderot se dirige a los lectores videntes, invitándolos a reflexionar sobre la naturaleza de la visión y cómo esta influye en nuestra comprensión del mundo. A través de la figura del ciego, el autor plantea interrogantes sobre la relación entre los sentidos y la razón, sugiriendo que la capacidad de ver no es la única forma de conocer la realidad.