El libro es una reflexión poética sobre el cambio de estaciones y el ciclo de la vida. Thoreau utiliza el mes de octubre como un símbolo del cambio y la transformación. A través de su prosa, evoca la sensación de melancolía que acompaña a la caída de las hojas y el final de un ciclo, lo que se refleja en la frase: «Octubre es el cielo del atardecer; noviembre, la última luz crepuscular».