El libro aborda la relación entre la teoría y la práctica en el ámbito de la pedagogía musical, un tema que ha sido históricamente problemático. La obra señala que, a menudo, los docentes se ven atrapados entre el conocimiento teórico y las exigencias prácticas de la educación musical. Zaragoza enfatiza que la masificación de las aulas, la gestión social y la organización curricular pueden dificultar la adecuada aplicación del conocimiento pedagógico.
La obra de Zaragoza es un aporte significativo a la didáctica musical, ya que ofrece una perspectiva comprensiva y optimista sobre la educación musical en la educación secundaria. La integración de la teoría y la práctica es un reto necesario y urgente para la formación de docentes competentes. La propuesta de un aprendizaje reflexivo y el uso de estrategias didácticas conectadas con la cotidianidad del alumnado son especialmente valiosas, pues permiten que el aprendizaje sea más relevante y significativo.