Si bien Divertirse Hasta Morir no presenta personajes en el sentido tradicional de una novela, el autor se convierte en el protagonista de su propia crítica. Su voz se siente en cada página, cargada de pasión y un profundo sentido de responsabilidad educativa.
El estilo de Postman es accesible y provocador, utilizando referencias culturales que resuenan con el lector y desafiando sus percepciones sobre el mundo mediático.