El autor se inspira en la figura de Bernardo de Claraval, quien valoraba más la virtud que la nobleza de sangre. A través de la narrativa, se establece un paralelismo con el famoso ciclo artúrico, donde la espada que espera ser desenvainada en virtud de la nobleza del corazón es un símbolo poderoso de autodescubrimiento y realización personal.