La obra nace de la idea de organizar una exposición que resalte las incursiones de estos artistas en el mundo de la fotografía. A mediados de 1994, Fontcuberta se dio cuenta de que, a pesar de los esfuerzos previos en el ámbito museográfico para ilustrar la interacción entre pintores y fotógrafos, ninguna de estas exposiciones había incluido obras de artistas españoles contemporáneos. Esto plantea cuestiones sobre la marginación, el olvido y el desconocimiento en el ámbito del arte, específicamente en la representación de artistas españoles en exposiciones internacionales.