Durante su huida, Drustan se encuentra con Hermes, un astuto truhán que, al igual que Tespis, viaja de pueblo en pueblo con un carromato. Sin embargo, en lugar de llevar arte, Hermes se dedica a estafar a las personas que conoce. A medida que Drustan se une a esta peculiar compañía, comienza a enfrentarse a los verdaderos peligros y desafíos que caracterizan la vida en el Oeste.
Como crítico literario, considero que El Carro de Tespis es una obra que no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión sobre el arte y la moralidad. La analogía entre el teatro y la vida en el Oeste es particularmente interesante, y Bonifay logra fusionar ambos mundos de manera efectiva. La caracterización de los personajes es profunda, especialmente en la relación entre Drustan y Hermes, que refleja la lucha interna entre la aspiración artística y la supervivencia en un entorno adverso.