El Titanic simboliza el progreso del siglo XIX, convirtiéndose en un mito que refleja los ideales de una época. Sin embargo, su hundimiento representa también un profundo revés a tales nociones. A través de treinta y tres cantos, Enzensberger realiza una soberbia recreación de la catástrofe, tejiendo una narrativa que combina el eco de los náufragos, las memorias de los muertos y las desesperadas súplicas de los supervivientes.