La historia gira en torno a Frederic, un joven cuyo cuidado personal es admirable, salvo por un pequeño detalle: nunca se lava el ombligo. A pesar de las insistencias de las personas que lo rodean, Frederic ignora sus súplicas. Lo que parece un simple acto de higiene personal se convierte en un símbolo de la emoción y el sentimiento que guarda en su interior, ya que su ombligo es un lugar donde se concentra «toda la emoción de este mundo».