Edward Abbey, un ferviente defensor de la naturaleza, trabajó como ranger en el Parque Nacional de Arches, en el sur de Utah. Su experiencia en este entorno natural le permitió desarrollar una conexión casi mística con el desierto. En El Solitario del Desierto, Abbey no solo elogia la belleza del paisaje, caracterizado por sus rocas de gres rosa y roja, sino que también emite un fuerte reclamo contra la sociedad de consumo que amenaza con destruirlo.