Los personajes en El Solitario son reflejos de la condición humana en tiempos de crisis, donde cada uno representa diferentes facetas de la
que aporta a la literatura de Concha Méndez. La transición de la lírica al teatro es un punto notable que demuestra su versatilidad como escritora. La obra se convierte así en un espejo de la soledad que muchos sintieron durante y después de la guerra, resonando con la realidad de su tiempo.