La novela se desarrolla en un Beirut marcado por la guerra civil y las tensiones políticas que definieron a Líbano a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Khoury utiliza su narrativa para explorar no solo la brutalidad del conflicto, sino también la vida cotidiana, las relaciones humanas y el comercio que florece en medio del caos. La obra es una reflexión sobre la memoria, la identidad y el destino de un pueblo que ha sido testigo de innumerables tragedias.