Dara Flood vive una vida tranquila en su veintena, ocupándose de su madre y su hermana Angel, además de trabajar en un refugio de perros. Su conexión con los caninos es mucho más profunda que la que tiene con las personas, lo que refleja su lucha interna y sus inseguridades. La vida de Dara da un giro dramático cuando Angel se enferma gravemente y necesita un trasplante de riñón, situación que la obliga a hacer lo impensable: encontrar a su padre, quien las abandonó antes de su nacimiento.