La prosa de Zambra se caracteriza por su precisión y melancolía. La novela no solo cuenta una historia, sino que también desnuda su propia construcción literaria, lo que añade una capa metanarrativa que enriquece la experiencia de lectura. Zambra reflexiona sobre el papel del escritor y su relación con la historia, lo que le otorga un carácter introspectivo a la obra.