El autor comienza planteando que los gatos han sido considerados desde tiempos remotos como criaturas mágicas. En diversas culturas, se creía que estos animales podían conectar a las personas con el mundo místico. Cuatrecasas menciona ejemplos históricos, como el uso de gatos en monasterios budistas para mejorar la meditación, y cómo en la actualidad algunos terapeutas los incorporan en sus prácticas para ayudar a personas que enfrentan estrés o soledad.