La obra se sitúa en un contexto donde Arlt utiliza el teatro como un medio para plantear inquietudes y dilemas de la condición humana. Según sus propias palabras, escribir teatro era su forma de «plantearle problemas a la humanidad». En «La Fiesta del Hierro», el verdadero protagonista no son los personajes, sino el Baal Moloch, un ídolo diabólico que simboliza la sed de sangre y la brutalidad de lo humano.
«La Fiesta del Hierro» es una obra que deja una profunda huella en el lector/espectador. La violencia y la brutalidad se manifiestan de manera visceral, lo que puede resultar perturbador pero también profundamente revelador. La forma en que Arlt aborda el tema de la humanidad y su relación con el poder y la violencia ofrece una crítica social que resuena incluso en la actualidad.