El libro se sitúa en un contexto crítico, casi dos décadas después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, donde el mundo sigue enfrentando desafíos en la lucha contra la pobreza y la búsqueda de un acceso equitativo a los recursos. Charron propone que la salud humana está intrínsecamente ligada a la salud de los ecosistemas, un concepto que se desarrolla a través de un enfoque ecosistémico.