El libro se sitúa en el contexto del reinado de Isabel II, un periodo marcado por la instauración de un régimen liberal en un entorno político altamente fragmentado. Durante esta época, se desarrollaron importantes conflictos, como las guerras carlistas, donde los partidarios de la monarquía absoluta se enfrentaron a los liberales que apoyaban a Isabel II.
Se explora la división interna del liberalismo y las consecuencias de estas luchas en la historia política de España, destacando la importancia de la Revolución de 1868.