La novela se sitúa en 1791, durante el reinado de Carlos IV y María Luisa de Parma, en un momento crítico para España. El país, aunque todavía se considera un imperio en el que no se pone el sol, se enfrenta a los últimos coletazos de la Inquisición y las nuevas ideas que emergen de la Revolución Francesa. Este contexto histórico es fundamental para comprender las tensiones sociales y políticas que se reflejan en la trama.