La insurrección húngara de 1956 se erige como un hito crucial en la historia de Europa del Este, siendo el mayor desafío a la hegemonía soviética durante cuatro décadas. Este levantamiento no solo cuestionó el dominio militar de la Unión Soviética, sino que también puso en riesgo la estructura ideológica del internacionalismo proletario que había sido establecido tras la Segunda Guerra Mundial.