En su sentido más amplio, un oráculo es visto como la respuesta que Dios proporciona, ya sea directamente o a través de sus ministros, así como las respuestas ofrecidas por pitonisas y sacerdotes en la antigüedad. Estas respuestas solían ser dadas en lugares sagrados, ante ídolos o mediante libros que contenían la sabiduría de las deidades.
El oráculo se origina en la figura del Rey Salomón, conocido por su inmensa sabiduría y su capacidad para resolver conflictos y dilemas morales. Según la tradición, aquellos que se acerquen al oráculo con el debido respeto y humildad recibirán las respuestas que buscan, mientras que los que lo hagan con desdén y falta de consideración no obtendrán nada.