En un régimen de dominación de conciencias, los oprimidos son silenciados y despojados de su capacidad de expresión. Freire argumenta que quienes dominan el discurso mantienen un monopolio de la palabra que les permite controlar y mistificar la realidad. Para los dominados, recuperar su voz es un proceso de lucha y aprendizaje necesario, denominado por el autor como «la pedagogía del oprimido».