El poema se enmarca dentro de uno de los proyectos juveniles más ambiciosos de Altolaguirre. Utilizando el simbólico elemento del agua, el autor desarrolla una fábula en la cual se exalta la naturaleza y se celebra la fiesta de los sentidos. El río que lo recorre se convierte en el gran protagonista, simbolizando el flujo de la vida y la creatividad.