El ictus, también conocido como accidente cerebrovascular, es una de las principales causas de hospitalización en el ámbito neurológico. Esta enfermedad no solo es responsable de un alto índice de invalidez y discapacidad severa a largo plazo en adultos, sino que también representa la segunda causa de demencia. Según estadísticas, hasta el 45% de los pacientes que sobreviven a un ictus quedan con una dependencia funcional que impacta en sus actividades diarias, lo que es particularmente preocupante dado que un 25% de los ictus ocurren en personas en situación laboral.