La obra comienza con una crítica a las concepciones tradicionales del sexo. Para muchas personas, el sexo se reduce a una actividad física entre hombres y mujeres, mientras que para los médicos puede ser visto como un riesgo, especialmente en el contexto de enfermedades como el VIH/SIDA. Por otro lado, los moralistas tienden a clasificar el sexo en dicotomías rígidas, limitándolo a la idea de masculino o femenino.