La autora expone que la inmortalidad no solo era un objetivo masculino, sino que las mujeres, debido a su capacidad de maternidad y a su conexión con la vida, poseían un acceso privilegiado a los métodos de la Gran Obra. La obra explora diversas técnicas psicofisiológicas que buscaban transformar el cuerpo y la mente para alcanzar esta inmortalidad, destacando la singularidad de las prácticas femeninas en contraposición a las masculinas.