En la primavera de 1948, Paul Celan e Ingeborg Bachmann se conocen en Viena, un encuentro que marca el inicio de un diálogo epistolar lleno de intimidad y pasión. A través de casi doscientas cartas, los dos poetas exploran temas que van desde sus luchas personales hasta la situación literaria y política de la Europa de la segunda posguerra.
La correspondencia se caracteriza por un tono confesional que revela las tensiones creativas y existenciales de ambos escritores. A medida que avanza la relación, se evidencian las crisis psíquicas de Celan, lo que interrumpe su intercambio epistolar a finales de 1961, aunque se conserva una última carta de 1967.