Esta novela se sitúa en un México que lucha por su independencia, un período caracterizado por tensiones sociales y la corrupción de las costumbres. A través de un estilo que combina humor y sarcasmo, Lizardi ofrece una crítica aguda a los malos hábitos de la sociedad virreinal, convirtiendo su narrativa en un espejo de la realidad social de su tiempo.